Asumiendo los errores.

Mientras que puede resultar más o menos asumir que todo el mundo puede cometer errores, es cierto que a nivel general somos más propensos a aceptar los errores ajenos que los propios, a no querer admitir cuando uno nos ocurre. Y lo más importante y lo peor de todo, darles un valor excesivo y cargado de connotaciones negativas.

Vale, cometer un error no es precisamente nada que deba celebrarse. Pero no por ello hay que esconderlo o sentirse menos capaz de conseguir hacer las cosas mejor en el futuro porque una vez no pudiste.

Inevitablemente, estés donde estés ahora y hayas logrado todo lo que hayas logrado, una vez recuentes toda tu historia y analices como has llegado hasta donde estás, habrá algunos detalles que, contados de forma aislada y sin entender lo que pudo haber significado para el resto de lo sucedido, se entenderán como fracasos. Y eso tal vez pueda llevarte a querer omitir esos detalles. Bien, pues no lo hagas.
Lo que te explico es que, no sólo aceptes que es parte de lo que te llevó a progresar y a desarrollarte, sino que lo debes aceptar de tal manera que no debas esconderlo como una vergüenza, sino que es algo que puedas compartir con total naturalidad, sin miedo a ser entendido como una persona propensa al fracaso. En todo caso, serías una persona propensa a aprender y mejorar tras momentos difíciles y errores.

No esconder tus fallos ayuda a otras personas. Porque esos fallos ocurren a todas las personas, pero es necesario entender popularmente que son hechos que se pueden superar.

Hace falta recordar que la humildad no ha de ser lo mismo que el autodesprecio. La humildad es saber que puedes equivocarte y aceptar que puedes equivocarte, que siempre podrás aspirar a ser mejor de lo que eres hoy y que trabajarás para hacerlo posible. El autodesprecio es ver que tus errores son las señales evidentes de que no deberías haberlo intentado. Sé humilde, pero con confianza.

No desvíes tu errores a otros. Tu error es tuyo y de nadie más. Y no pasa nada. Será mucho peor si al hablar de los errores de tu pasado intentas evitar la responsabilidad.

Habla acerca de lo que esos errores te enseñaron y como gracias a esas experiencias has conseguido inspiración o aprendizaje. Incluso puede ser posible que en el proceso de superar ese fallo descubrieras o pudieras poner en práctica una habilidad tuya.

Algo también importante es saber ver de la misma manera qué errores cometiste y como lo superaste, así como los logros que has conseguido, sin errores.

Y lo más importante de todo es que todos recordemos que la perfección no existe y lo más parecido llega tras mucho esfuerzo, muchos fallos y muchísimo trabajo. Y si todos fuéramos más abiertos a hablar del recorrido, del esfuerzo y de los fallos que nos han acompañado, podríamos eliminar ese falso estándar que hace que tantas personas se den por vencidas demasiado pronto ante sus ambiciones porque realmente creen que nunca lo van a lograr.