Orgulloso de Ecuador.

Es lógico sentir ese sentimiento por la tierra que te ha visto nacer, o aquella en la que viviste tus años más jóvenes y de la que guardas unos recuerdos tiernos e inocentes. Pero para mí, ahora es mucho más que eso. Amo mi tierra por todas esas pequeñas cosas, por esa cultura que es mía, esas comidas que saben a hogar y esas canciones que suenan siempre a los momentos más felices. Pero, sobre todo, amo a mi tierra porque está llena de personas con una capacidad increíble para convertir las ideas en hechos, y la prueba más palpable la tuvimos en día 29 de abril.

He trabajado con equipos por toda América Latina y he estado de ciudad en ciudad, viendo esos equipos alzarse victoriosos, poderosos, unidos. Muchos años de mi carrera los he pasado lejos del hogar y añorándolo. Pero ahora es más que el hogar, el lugar al que puedo regresar siempre para estar con los míos. Es también parte de un todo grandioso que se está creando, donde trabajan miles de personas que son mis socios, mi equipo, mi familia. Donde se está creando una comunidad con un poder increíble y desde donde se están dando grandes lecciones de trabajo, de esfuerzo y de superación constantes.

Este evento era algo muy especial para mí. No por lo que pudiera significar de cara al crecimiento del proyecto o de la compañía, sino por lo que era para Ecuador mismo y sus equipos. Por lo que era para mí, y mi familia. Estaba en casa, celebrando los éxitos de personas a las que había ayudado a progresar de una manera u otra, aganar una libertad para ellos y sus familias, cambiando entre todos la vida y la economía de mi país.

Y allí estaba también mi propio hermano, viendo reconocidos sus propios logros, habiendo alcanzado un rango nuevo, delante de todas esas personas, compatriotas, y también de nuestros propios padres. Es como un sueño, uno de los mejores, ese orgullo compartido, los unos por los otros y esa certeza de que estamos haciendo algo maravilloso. Un sueño de los buenos, hecho una maravillosa realidad.