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Siete pecados contra tu libertad financiera.

La libertad financiera, un término que evoca ya en su nombre la palabra libertad. Y la libertad es un sentimiento también, o, al menos, algo que nos causa sentimientos. Algo que despierta algo en nosotros desde muy adentro. Algo que nos toca al corazón. No es lo mismo ser libres para hacer algo que sentirse completamente libre para hacer lo que quieras.

Sin embargo, aunque la palabra libertad nos evoque fuertes sentimientos, cuando hablamos de libertad financiera también hablamos de algo que se debe a la toma de decisiones conscientes y meditadas. La libertad viene tras un largo proceso y una disciplina. La libertad, pues, no es algo simplemente emocional, no es algo irracional, no se consigue por impulso. La libertad es todo lo contrario a seguir nuestros impulsos más primitivos.

Son, de hecho, los impulsos primitivos, cuando nos dejamos arrastrar por las decisiones tomadas únicamente con una parte emocional y nunca con la racional cuando nos vamos cortando las alas que nos llevarían hacia esa libertad.

Una manera de entenderlo de manera muy clara es con el símil de los siete pecados capitales, un símil que es usado por los expertos financieros. Pues esos siete pecados abarcan casi todos los impulsos humanos y cómo ellos nos llevan a cometer malas decisiones. Todos los siete pecados, entonces, llegan a describir de una manera muy eficaz todas las formas en las que nuestras emociones y nuestros impulsos se mezclan con la manera en la que tratamos el dinero, y lo convertimos en nuestra perdición.

La Gula. Trata de la gratificación instantánea, uno de los pecados más extendidos. Gastamos dinero sin pensar por cosas que tal vez no necesitamos en ese momento pero que nos hace sentir bien. Se controla simplemente con pensar cuando vamos a comprar algo o gastar dinero en un capricho, si es un gasto que podemos afrontar o si realmente tenemos que hacer ese gasto y lo necesitamos, o simplemente “se nos antojó”.

La Pereza. Es la falta de interés en crear un presupuesto o llevar un seguimiento de nuestros gastos, simplemente no queremos prestarle atención a eso hasta que es muy tarde. Se controla con poner interés y dedicarle pocas muy pocas horas al mes en hacer un balance de ingresos y gastos.

La Ira. Es cuando vemos que no nos alcanza la cuenta bancaria para afrontar los pagos. Nos enfadamos con el banco, con quienes emiten el cobro de las facturas, y hasta con nosotros mismos, pero pasado el enfado no tomamos cartas en el asunto para evitar que vuelva a pasar. Es un sentimiento pasajero, pero cíclico.

La Envidia. Sencillo, es desear lo que tienen los otros, de forma material y superflua. Se quiere el coche del otro, pero para eso debes tener los ingresos del otro. Adapta tu forma de vida a tus ingresos o adapta tus ingresos a la forma de vida que quieres.

La Soberbia. Esto hace referencia a esa necesidad que tienen muchas personas de demostrar que gastan dinero en artículos de lujo y de presumir de posesiones. Así como del hecho que otras tantas intentan alcanzar ese “estatus” no por vía de una libertad financiera real, sino por la adquisición de objetos, aunque apenas puedan pagarlos.

La Avaricia. Es comprar mucho, compulsivamente. Gastar y gastar. Lo queremos todo y lo queremos ahora. Y luego las cuentas no nos cuadran. Compra con un presupuesto, estudia de verdad que quieres y qué necesitas.

La Lujuria. Este pecado hace referencia a los hábitos, algunos vicios personales que nos llevan a dejarnos dinero en cosas que, no solo no necesitamos, sino que además no nos hacen bien. Por ejemplo, gastar dinero en el juego o en copas.

Además de evitar estos pecados, debes hacer algo activamente por el bien de tu libertad financiera: cosas como dedicarte unas horas a educarte financieramente y  trabajar por obtener varias fuentes de ingresos.


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