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Ese hábito que te lleva al fracaso.

Probablemente no lo llamarías hábito puesto que no es algo que te propongas hacer, y ni siquiera, probablemente, sepas que lo haces. Pero es un hábito porque se vuelve una costumbre, un acto reflejo, un constante.

Se trata de llevar el negocio a lo personal, extremadamente personal. Y con eso me refiero, no a que te estés implicando demasiado en tu equipo o que tu negocio sea una parte principal e importante de tu vida. No, no hay nada de malo en ser apasionado por el trabajo que se hace, todo lo contrario. Pero el problema está cuando cada cosa que pueda ir mal en el negocio te lo achacas personalmente, mucho más allá de tomar la responsabilidad debida.

Eres demasiado duro contigo mismo. Seguro que sí. Ese hábito vive en muchos de nosotros, networkers, y especialmente en los primeros meses de trabajo. Claro que tienes cosas que mejorar, claro que puede que cometas algún error que otro. Pero ser tan duro contigo mismo y tus errores no te ayudará a mejorarlos, sólo a hacerte creer, poco a poco, que realidad ese no es tu lugar.

¿Por qué ocurre esto?

Esto ocurre por no saber manejar la frustración y no saber ver todos los tonos de grises que hay entre el oscuro de no valer para lo que haces y el blanco de hacerlo todo siempre bien. Lo cierto es que unas cuantas caídas te benefician para aprender a sobrellevarlas y aprender a mejorar la situación. Ocurre porque no has diferenciado, tampoco, cuando una persona no quiere ser parte del negocio por el negocio (la mayoría de los casos son asuntos personales de ellos y sus propias dudas sobre su propio potencial) , a cuando alguien no quiere formar parte del negocio porque has dicho o hecho algo mal.

Y cuando se da la última opción, simplemente tienes que aprender a ver que fue.

Cómo frenar el exceso de autocrítica y dejar de tomarse las cosas de forma tan personal.

Empieza analizando la situación. Fíjate que habrá cosas que no funcionen y cosas que si funcionen. Las cosas que no funcionen, por supuesto, hay que cambiarlas. Pero aquellas que si funcionen, no las pases por alto. Es importante reconocerlo, pero también tomar notas para saber qué te puede ser útil. Todas las pequeñas victorias son victorias, al fin y al cabo.

Recuerda siempre que cada reto y cada fallo tiene algo que enseñarte. Es una oportunidad para crecer, para mejorar.

Naturaliza la situación: es normal que a veces las cosas no salgan bien. Es normal que te sientas mal por ello a veces. No tienes que reprimir esa frustración, simplemente dejar que siga su curso, pensar con calma qué puedes mejorar y continuar adelante. Con el tiempo estas cosas te parecerán más naturales y, al mismo tiempo, ocurrirán con menos frecuencia. Cuanto antes aprendas a dejar de tomarte de manera tan personal las negativas, antes empezarás a tener menos negativas.

Al final, la única solución es seguir evolucionando. Seguir creciendo y seguir convirtiéndote en el líder a quien querría seguir. El camino es siempre hacia adelante, jamás hacia atrás.