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Cuídate de gente que contamina.

Ya sea una relación laboral o personal, puedes encontrarte en varios momentos de tu vida con personas que, con sus pensamientos y sus palabras, tienen el extraño don de contaminarlo todo y hacerlo un poco peor.

Te acabas dando cuenta que cuanto más hablas e interaccionas con esa persona, peor te sientes tú en todo lo que haces, como si fuera capaz de alimentarse de tu propia seguridad y tu confianza en ti mismo.

Y lo peor es que te encuentras en varios otros momentos del día en los que ni siquiera has hablado con esa persona, pensando en ella o en qué pensaría o diría de cualquier cosa que hayas hecho. Y si lo hicieras de un modo cómico, del estilo “seguro que a *esa persona* le daría un ataque de nervios si me viera” y te rieses, aún sabrías mantener las distancias. Pero lo peor es que no es así, lo peor es que te creas una ansiedad.

En ocasionas, la ansiedad viene porque ha conseguido que pienses que hasta tiene razón, y cuando te dispones a trabajar o a hacer algo de lo que tenías planificado, que esa persona ha dicho que es una tontería, algo inútil o que lo harás mal “porque siempre lo haces mal” te bloquearás y dudarás hasta de cómo te llamas.

Lo importante es que sepas por qué pasa esto y tienes mucho menos que ver contigo de lo que crees.

Su problema no es contigo.

Probablemente tiene este comportamiento con más personas, y si consigues alejarte un poco de la situación, observar de manera objetiva e impedir que tus propias inseguridades entren en juego, comprobarás que se trata de su forma de ser, en general. Pero eso no significa que sea bueno ni justificable, simplemente que esa persona tiene esa tendencia y se trata de alguien negativo, tóxico y capaz de contaminar cualquier relación.

Son personas que necesitan trabajar en si mismas.

Muchos de sus comportamientos y la forma en que derriban a otras personas se deben a que, simplemente, no tienen autoestima. No han sabido trabajar en mejorarla y en sentirse mejor de otra manera que no sea atacando a otros o consiguiendo que otros no sean mejores ni más felices que ellos. Y la peor parte de todo esto, es que en muchas veces ocurre que ni siquiera son conscientes de tener estos pensamientos. Es un hábito que han adquirido. Creen que tienen la razón y se aseguran de tenerla al final, de una manera o de otra. Incluso ignorando los hechos.

Creen que no necesitan cambiar.

Se sienten seguras en este comportamiento y simplemente acaban rodeándose de personas que al final se dejarán llevar por esos comportamientos. Es cosa tuya no ser una de sus “victimas”.

La manera más eficaz de cuidarte de su comportamiento contaminante, es, simplemente, apartándote. Deja espacio, observa con objetividad y haz un ejercicio de control de cara al futuro: piensa qué cualidades y comportamientos prefieres en las personas que te rodean y cuáles no.

Si es necesario haz una lista, porque cuando ponemos las cosas sobre papel es cuando todo se ve mucho más claro y decisivo.

Recuerda siempre que no es tu problema y que esa persona no tiene nada contra ti, que seguramente el problema lo tenga consigo mismo. Pero no es capaz de tomar las riendas y emplear la energía que usa para intoxicar a otros en mejorar su vida, sus pensamientos y su percepción de si mismo y de los demás.

No es responsabilidad tuya que cambie. Puedes ofrecerle otra manera de pensar o de ver las cosas, puedes aconsejarle si quieres. Pero al final, si sólo responden con más ataques a tu confianza, no tienes más remedio que mantener las distancias y gastar energías en cosas más productivas y sanas. En tu negocio, en tus planes y en tu desarrollo. No los suyos.

Mantente positivo y se dueño de tus opiniones, de tus planes y de tus sueños. No dejes paso a ninguna intromisión, y mucho menos a que la opinión de otros te cree dudas o ansiedades. Y céntrate cada vez más en ti y en las cosas y personas que te hacen feliz, positivo y con ganas de conquistar el mundo.